La Impermanencia

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Plática de María Molina en la sesión del lunes 18 de marzo, que nos guió junto con Susana

El budismo nos habla de 3 factores de la existencia:  la impermanencia, la insatisfactoriedad y la insustancialidad o falta del yo.  Hoy quiero compartir con ustedes algunos textos que hablan del primero de estos factores:  la impermanencia, anicca en pali.

“Contemplando la impermanencia inspiraré, contemplando la impermanencia espiraré”  El Buda

 “El pasado ya ha pasado y el futuro aún no ha llegado. Sólo en el momento presente podemos disponer de nuestra vida. Dejemos atrás nuestros lamentos por el ayer; despojémonos de nuestra preocupación por el futuro y regresemos a nosotros mismos para acariciar el momento presente”

Thich Nhat Hanh

Es fácil llevar a la gente a estar de acuerdo en que las cosas son impermanentes, es algo que se puede entender completamente.  Sin embargo, las personas actuamos como si las cosas fueran permanentes.  Si tuviéramos la capacidad de mantener vivo el entendimiento de la impermanencia en nosotros mismos, no haríamos las cosas que nos destruyen a nosotros mismos y a otras personas.  Haríamos lo que pudiéramos para ponernos en orden, para volvernos más felices y hacer lo mismo con los demás.  Así pues, frecuentemente sufrimos por alguna pérdida.  Por eso el entendimiento de la impermanencia debe ser nutrida en nuestra vida cotidiana, y es por eso que NO necesitamos la impermanencia como una noción, sino como un Samadhi, concentración o mente unificada.  Dice Thich Nhat Hanh:  “Usted vive su vida cotidiana de tal manera que el entendimiento de la impermanencia está ahí siempre con usted, en vez de estar en el momento presente, donde cada cosa es un nuevo momento, un nuevo momento, un nuevo momento”.

Cuando tenemos atención plena, tocamos profundamente lo que está ahí y a quien está ahí, pues la atención plena es la capacidad de estar ahí, en el momento presente y, una vez que estamos ahí, vivimos profundamente ese momento de nuestra vida.  Somos capaces de ver con hondura el corazón de la realidad, de lo que está ahí, incluyendo la naturaleza de la impermanencia, la naturaleza de la interdependencia, la naturaleza de la no identidad.

http://yogaymedicinaoriental.blogspot.mx/2011/08/meditar-en-la-impermanencia-thicht-nhat.html

La impermanencia NO es causa de sufrimiento.  En sí, lo que nos causa sufrimiento es el deseo de que las cosas sean permanentes, cuando en realidad, no lo son.  Saber aceptar la impermanencia es apreciar cada momento de nuestra vida.  Cuidar de nuestra salud, pues sabemos que no siempre será así, apreciar y amar más a nuestros seres queridos pues algún día ellos o nosotros ya no estaremos más.  La impermanencia no significa que no haya existencia, sino que ésta aparece con la determinación de desaparecer.

http://www.acharia.org/downloads/los_tres_sellos_del_dharma_ns.pdf

En el budismo se usa el concepto de ksana, la unidad de medida del tiempo más corta, que equivale como a 1/64 de tiempo de un parpadeo.  Cuando observamos a fondo la impermanencia, descubrimos que las cosas cambian porque las causas y condiciones cambian.  En general, nos gusta mucho creer que las formas (rupas) son estables y existentes; pero en realidad todos los objetos formados de alguna materia, están hechos de vacío.  En la composición molecular de una partícula atómica a otra existe una distancia enorme, donde “no hay nada”.  Las formas, cuando se dan, no se destruyen porque las fuerzas nucleares y electromagnéticas hacen que las partículas subatómicas permanezcan en una cierta arquitectura.  La base material de la impermanencia es que ningún átomo ni sus partes infinitesimales permanecen en un mismo lugar.  Como lo ha demostrado la física cuántica, todos los objetos materiales son altamente inestables, pues se encuentran en un flujo constante de cambios.  Existe la impermanencia por la ley de causa y efecto que manifiesta la interdependencia de los fenómenos que por sí solos no pueden surgir, ni mantenerse, ni desaparecer.

García, M.  (2008).  La presencia del budismo.  Las enseñanzas de Thich Nhat Hanh.  Ediciones ABK:  México

Así pues, Ginger nos dice que por medio de nuestra propia experiencia directa, entendemos que nuestra naturaleza esencial es un flujo, un río vivo.  No somos tan sólidos como pensamos.  Consistimos en un campo de energía con todas sus formas cambiantes.  Por su naturaleza, la energía está fluyendo, está viva.  Cuando practicamos la atención plena, aprendemos cómo notar cada momento de experiencia, sin las demandas y expectativas normales.  Desarrollamos la capacidad de encontrar la vida con una atención inclusiva y espaciosa.  Descubrimos que las energías que hemos percibido como permanentes y sólidas, no los son en realidad.  Empezamos por experimentar el cuerpo como un flujo de sensaciones elementales que cambian continuamente;  sensaciones espaciosas, duras, calientes, frías, vibrantes, pulsantes… cambiantes, siempre cambiantes.

El maestro U Ba Khin enseñaba que cada experiencia tiene un tono placentero, no placentero, o neutro, y proponía que en lugar de fantasear un cuento, nos quedemos con el nivel de energía actual y observemos atentamente las sensaciones cambiantes.  Así saborearemos la libertad.  Por medio de quedarnos con las sensaciones, sintiendo y respirando con ellas, podemos entrar en el momento presente que está desplegándose.  Gradualmente, cuando nos relajamos y vivimos más en la experiencia directa de la vida corporal, suceden descargas de algunos nudos de energía acumulada en el cuerpo.  Con la práctica de la atención plena en el cuerpo, aprendemos que lo que pensamos que somos se disuelve.  Justo como las sensaciones corporales son energía, las emociones, y todos los cuentos que nos hacemos de éstas, son también energía que está fluyendo con vida y que está cambiando constantemente.

Ginger Clarkson, retiro del Sangha de Cholula, 18 de noviembre de 2006.

La impermanencia da sustento a la existencia, pues gracias a ésta, la vida misma es posible.  Sin la impermanencia nada puede transformarse en la vida.  De ahí que todo carezca de identidad o de un yo independiente.  Nada se pierde para siempre. Nada se gana para siempre.

García, (2008) y http://www.cuantona.com/libro/Buda.pdf

“Quietamente sentado, sin hacer nada, llega la primavera y crece sola la hierba”  Alan W. Watts.  El camino del Zen

El propósito de la vida: Entrenar la mente para la felicidad [3/3]

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El camino hacia la felicidad.

El hecho de señalar el estado mental como el factor fundamental para alcanzar la felicidad no significa negar que debamos satisfacer nuestras necesidades físicas básicas de alimentación, vestido y cobijo. Pero, una vez satisfechas esas necesidades, el mensaje es claro: no necesitamos más dinero, éxito o fama, no necesitamos tener un cuerpo perfecto o una pareja perfecta… en ese momento tenemos ya una mente con todo lo imprescindible para alcanzar la completa felicidad.

Al presentar este enfoque para trabajar con la mente, el Dalai Lama dijo:

Al referirnos a “mente” o “conciencia”, no debemos olvidar que hay muchas variantes de ella. Tal como sucede con las condiciones externas o los objetos, que algunos son muy útiles, otros nocivos  y algunos neutros; al tratar con materia exterior solemos identificar primero las sustancias útiles, para cultivarnos y beneficiarnos, y nos libramos de las nocivas. De modo similar, hay miles de “mentalidades” diferentes. Entre ellas, algunas son muy útiles y deberíamos fomentarlas. Otras son negativas, muy nocivas, y deberíamos intentar desecharlas,

Así pues, el primer paso en búsqueda de la felicidad es aprender. Primero debemos aprender como las emociones y los comportamientos negativos son nocivos y como son útiles las emociones positivas. Tenemos que darnos cuenta que dichas emociones no solo son malas para cada uno de nosotros, personalmente, sino también para la sociedad y el futuro del mundo. Saberlo fortalece nuestra determinación de afrontarlas y superarlas. Debemos ser consientes de los efectos beneficiosos de las emociones y los comportamientos positivos; ello nos llevara a cultivar, desarrollar y aumentar esas emociones, por difícil que sea: tenemos una fuerza interior espontanea. A través de este proceso de aprendizaje, del análisis de pensamientos y emociones, desarrollamos gradualmente la firme determinación de cambiar, con la certidumbre de que tenemos en nuestras manos el secreto de nuestra felicidad, de nuestro futuro, y de que no tenemos que desperdiciarlo.

En el budismo se acepta el principio de causalidad como una ley natural. Al tratar con la realidad, hay que tener en cuenta esa ley. Así, por ejemplo, en el campo de las experiencias cotidianas, si se producen ciertos acontecimientos indeseables, el mejor método para asegurar de que no vuelvan a ocurrir es procurar que no se vuelvan a repetir las condiciones que lo producen. De modo similar, si quieres tener una experiencia determinada, lo más lógico es buscar y acumular aquellas causa y condiciones que lo favorecen.

Sucede lo mismo con los estados y las experiencias mentales. Si se desea felicidad, se deberían buscar las causas que en otras ocasiones las han producido, y si no se desea el sufrimiento,  deberíamos procurar que no vuelva a presentarse las causas ni condiciones que dieron lugar al mismo. Es muy importante aprender apreciar este principio.

Hemos hablado de la importancia suprema del factor mental para alcanzar la felicidad. Nuestra siguiente tarea, por tanto, consiste en examinar la variedad de estados mentales que experimentamos. Necesitamos identificarlos con claridad y clasificarlos en función de que nos conduzca o no a la felicidad.

Por ejemplo, el odio, los celos, la cólera, son nocivos. Los consideraremos estados negativos de la mente por que destruyen nuestro bienestar mental; cuando se abrigan sentimientos de odio o de animadversión hacia alguien, cuando la persona se siente llena de odio o de emociones negativas, todo nos parece hostil. La consecuencia es que hay más temor, una mayor inhibición e indecisión, una sensación de inseguridad.

Hay miles de estados mentales diferentes. ¿Cuál sería la definición de una persona psicológicamente saludable o bien adaptada?

Yo considero saludable a una persona compasiva, cálida y de corazón bondadoso. Si tienes sentimientos de compasión y deseas ser amable, hay algo que abre automáticamente tu puerta interior y puedes comunicarte mucho más fácilmente con otras personas. Ese sentimiento de cordialidad ayuda a abrirse a los demás. Se descubre entonces que todos los seres humanos son como uno mismo, de modo que puedes relacionarte más fácilmente con ellos. Eso genera un espíritu de amistad.

En cualquier caso creo que cultivar los estados mentales positivos como la amabilidad y la compasión, conduce decididamente a una mejor salud psicológica y a la felicidad.

Disciplina Mental.

Es práctica y racional identificar y cultivar los estados mentales positivos, así como identificar y eliminar los estados negativos. Aunque inicialmente parezca un tanto seca esta sugerencia de analizar sistemáticamente la variedad de estados mentales que experimentamos, se deja uno arrastrar por la fuerza lógica de su razonamiento. En lugar de clasificar estados mentales, emociones o deseos con arreglo a juicios morales externos, como “la avaricia es un pecado” o “el odio es maligno”, clasificara las emociones simplemente sobre la base de si conduce o no a la felicidad ultima.

Alcanzar la verdadera felicidad exige producir una transformación en las perspectivas, en la forma de pensar, y eso no es sencillo. Para ello es preciso aplicar muchos factores diferentes desde distintas direcciones. No se debe tener, por ejemplo, la idea de que solo existe una clave, un secreto que, si se llega a desvelar, hará que todo marche bien.  Para cuidar adecuadamente del propio cuerpo; se necesitan diversas vitaminas y nutrientes, no solo uno o dos.

Del mismo modo, para alcanzar la felicidad hay que utilizar una variedad de enfoques y métodos, superar los variados y complejos estados negativos. Si tratas de superar ciertas formas negativas de pensar, no podrás conseguirlo utilizando una técnica una o dos veces. El cambio requiere tiempo. Hay muchos rasgos mentales negativos, de modo que afrontarlos y contraatacar no es fácil. Requiere la reiterada aplicación de diferentes técnicas y tomarse el tiempo necesario para familiarizarse con ellas. Se trata de un proceso de aprendizaje.

A medida que pasa el tiempo, se van acumulando los cambios positivos. Cada día, al levantarte, puedes desarrollar una sincera motivación positiva al pensar: “Utilizare este día de una forma más positiva. No desperdiciare este día.” Luego por la noche antes de acostarte, analiza lo que has hecho y pregúntate: ¿”Utilice este día como lo tenía previsto”? Si todo se desarrollo tal como lo tenias pensado, deberías alegrarte por ello. Si alguna cosa salió mal lamenta lo que hiciste y examínalo críticamente. Gracias a métodos como este, puedes ir fortaleciendo los aspectos positivos de la mente.

En mi caso, por ejemplo, como monje creo en el budismo y, a través de mi experiencia, se que su práctica es muy útil para mi. No obstante, pueden surgir ciertos sentimientos, como cólera o apego, debido a la costumbre o a muchas vidas anteriores. Hago entonces lo siguiente: primero aprender el valor positivo de las prácticas, luego incrementar mi determinación y finalmente tratar de ponerlas en práctica. Al principio la utilización de las prácticas positivas es muy débil, porque las influencias negativas siguen siendo muy poderosas. Finalmente, sin embrago, a medida que intensificas las practicas positivas, disminuyen los comportamientos negativos. Así que, en realidad, la practica del *Dharma  es una batalla constante dentro de nosotros, en la que se trata de sustituir el condicionamiento o la costumbre negativa por un condicionamiento positivo.

No hay actividad que no se torne más fácil gracias al entrenamiento constante.

 

AGRADEZCO HUMILDEMENTE SU ATENCIÓN.

 DHARMA DEL 07/Nov/2011

POR PEPE LARA

Bibliografía:

El Arte de la felicidad – Por el Dalai Lama con Howard C. Cutler MD

El propósito de la vida: Las fuentes de la felicidad [2/3]

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El Dalai Lama explica:

Aunque es posible alcanzar la felicidad, esta no es algo simple. Existen muchos niveles. En el budismo, por ejemplo, se hace referencia  a los cuatro factores de la realización o felicidad: riqueza, satisfacción mundana, espiritualidad e iluminación. Juntos, abarcan la totalidad de las expectativas  de felicidad de un individuo.

Dejemos de lado por un momento las más altas aspiraciones religiosas o espirituales, como la perfección y la iluminación, y abordemos la alegría y la felicidad tal como las entendemos desde una perspectiva mundana. Dentro de este contexto, hay ciertos elementos clave que contribuyen a la alegría y a la felicidad. La buena salud, por ejemplo, se considera un elemento necesario para una vida feliz. Otra fuente de felicidad son nuestras posesiones materiales o el grado de riqueza que acumulamos. Y también tener amistades o compañeros. Todos reconocemos que, para disfrutar de una vida plena, necesitamos un círculo de amigos con los que podamos relacionarnos emocionalmente y en los que podamos confiar.

Todos estos factores son, de hecho, fuentes de felicidad. Pero para que un individuo pueda utilizarlos plenamente con el propósito de disfrutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo. Eso es lo esencial.

Si utilizamos de forma positiva nuestras circunstancias favorables, como la riqueza o la buena salud estas pueden transformarse en factores  que contribuyan a alcanzar una vida más feliz.  Y, naturalmente, disfrutaremos de nuestras posesiones materiales éxito, etcétera. Pero sin la actitud mental correcta, sin atención a ese factor, esas cosas tienen muy poco impacto sobre nuestros sentimientos a largo plazo.

Si, por ejemplo, se abrigan sentimientos de odio o de intensa cólera, se quebranta la salud, destruyendo así una de las circunstancias favorables. Cuando uno se siente infeliz o frustrado, el bienestar fisco no sirve de mucha ayuda. Por otro lado, si se logra mantener  un estado mental sereno y pacifico, se puede ser una persona feliz aunque se tenga una salud deficiente.

Aun teniendo posesiones maravillosas, en un momento intenso de cólera o de odio nos gustaría tirarlo todo por la borda, romperlo todo. En ese momento, las posesiones no significan nada.

En la actualidad hay sociedades materialmente muy desarrolladas en las que mucha gente no se siente feliz. Por debajo de la brillante superficie de opulencia hay una especie de inquietud que conduce  a la frustración, a peleas innecesarias, a las dependencias de la droga o del alcohol, y en el peor de los casos, al suicidio. No existe, pues, garantía alguna de que la riqueza pueda proporcionar, por si sola, la alegría o la satisfacción que se buscan. Lo mismo cabe decir de los amigos. Desde el punto de vita de la cólera o el odio, hasta el amigo mas intimo parece glacial o distante.

Todo esto muestra la gran influencia que tiene el estado mental sobre nuestra experiencia cotidiana. Por tanto, debemos tomarnos ese factor muy seriamente.

Así pues, dejando aparte la perspectiva de la practica espiritual, incluso en los términos mundanos del disfrute de la existencia,  cuanto mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz.

Tener un estado mental sereno o pacifico no significa permanecer distanciado o vacio. La paz mental o el estado de serenidad de la mente tiene sus raíces en el afecto y la compasión y supone un elevado nivel de sensibilidad y sentimiento.

“Cuando se carece de la disciplina interna que produce la serenidad mental no importan las posesiones ni las condiciones externas, ya que estas nunca proporcionaran a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Por otro lado, si se posee esta cualidad interna la serenidad mental y estabilidad interior, es posible tener una vida gozosa, aunque falten las posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesitarías para alcanzar la felicidad.”

 

Satisfacción interior.

Hay muchas cosas que deseamos.

Creo hay dos clases de deseo  comenta el Dalai Lama. Ciertos deseos son positivos. El deseo de la felicidad, por ejemplo, es algo absolutamente correcto. El deseo de paz, de vivir en un mundo más armonioso, más acogedor. Ciertos deseos son muy útiles.

Pero se llega a un punto en que los deseos pueden ser insensatos. Eso suele producir problemas.

A veces que un deseo sea excesivo, negativo depende de las circunstancias o de la sociedad en que se vive. Por ejemplo, tener un coche más caro que los vecinos puede ser un problema para ellos si se sienten celosos, pero al poseedor le proporciona una satisfacción y gozo.

El Dalai Lama indica:

No… la satisfacción, por si sola, no puede determinar si un deseo o acción es positivo o negativo. Un asesino puede experimentar una sensación de satisfacción en el momento de cometer el asesinato, pero eso no justifica su acto. Todas las acciones no virtuosas, como mentir, robar, etcétera, son realizadas por personas que en ese momento pueden experimentar satisfacción. La frontera entre lo negativo y lo positivo de un deseo o acción no viene determinada por la satisfacción inmediata, si no por los resultados finales, por las consecuencias positivas o negativas.

Cuando se habla de la avaricia, una cosa bastante característica de ella es que, aunque se llega por el deseo de obtener algo, no quedas satisfecho al obtenerlo.

Lo irónico de la avaricia es que aún cuando la motivación fundamental es la búsqueda de la satisfacción, no te sientes satisfecho ni siquiera después de conseguir el objeto de tu deseo. El verdadero antídoto de la avaricia es el contento. Si vives contento, la consecución de bienes pierde importancia.

¿Cómo podemos alcanzar, por tanto, satisfacción interior? Hay dos métodos. Uno de ellos consiste en obtener todo aquello que deseamos y queremos, el dinero, las casas, los coches, la pareja y el cuerpo perfectos. Pero tarde o temprano nos encontraremos con algo que deseamos pero no podemos tener. El segundo método, mucho más fiable, consiste en querer y apreciar lo que tenemos.

 

Valor interior.

Trabajar en nuestra perspectiva mental es un medio más efectivo para alcanzar la felicidad que buscarla en fuentes externas, como la riqueza, la posición y hasta la salud. Otra fuente interna de felicidad, estrechamente relacionada con un sentimiento de satisfacción, es la conciencia del propio valor.

Es otra fuente de valor y dignidad a partir de la cual puede uno relacionarse con otros seres humanos. Puedes relacionarte con ellos porque perteneces a la comunidad humana. Compartes ese lazo con todos. Y ese vínculo es suficiente para crear una conciencia de valor y dignidad. Ese lazo se puede convertir en un consuelo en caso de que pierdas todo lo demás.

Hay veces que la gente confunde felicidad con placer, la felicidad más alta se produce al llegar a la fase de liberación, en la que ya no existe más sufrimiento. La autentica felicidad se relaciona mas con la mente que con el corazón. La felicidad que depende principalmente del placer físico es inestable; un día existe y al día siguiente puede haber desaparecido.

AGRADEZCO HUMILDEMENTE SU ATENCIÓN.

 DHARMA DEL 24/OCT./2011

POR PEPE LARA

Bibliografía:

El Arte de la felicidad – Por el Dalai Lama con Howard C. Cutler MD

El propósito de la vida: El derecho a la felicidad [1/3]

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“CREO QUE EL PROPOSITO fundamental de nuestra vida es buscar la felicidad. Tanto si se tienen creencias religiosas como si no, si se cree en tal o cual religión, todos buscamos algo mejor en la vida. Así pues, creo que el movimiento primordial de nuestra vida nos encamina en pos de la felicidad.

Si. Estoy convencido de que se puede alcanzar la felicidad mediante el entrenamiento de la mente.”

Al decir “entrenamiento de la mente” en este contexto, no me estoy refiriendo a la “mente” simplemente como una capacidad cognitiva o intelecto. Utilizo el término más bien en el sentido de la palabra tibetana sem,  que tienen un significado mucho más amplio, más cercano al de “psique” o “espíritu”, y que incluye intelecto y sentimiento, corazón y cerebro. Al imponer una cierta disciplina interna, podemos experimentar una transformación de nuestra actitud, de toda nuestra perspectiva y nuestro enfoque de vida.

“Hablar de esta disciplina interna supone señalar muchos factores, y quizá también tengamos que referirnos a muchos métodos. Pero en término generales, uno empieza por identificar aquellos factores que conducen a la felicidad y los que conducen al sufrimiento, una vez hecho eso, es necesario elegir gradualmente los factores que llevan al sufrimiento mediante el cultivo de los que llevan a la felicidad. Ese es el camino.

En el Dalai Lama se observa que la felicidad personal se manifiesta en él como una sencilla voluntad de abrirse a los demás, de crear un clima de afinidad y buena voluntad,  incluso en los encuentros de breve duración.

AGRADEZCO HUMILDEMENTE SU ATENCIÓN.

 DHARMA DEL 24/OCT./2011

POR PEPE LARA

Bibliografía:

El Arte de la felicidad – Por el Dalai Lama con Howard C. Cutler MD

Dharma

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El término Dharma tiene muchas connotaciones; no existe un equivalente exacto en el léxico español. Se utiliza con frecuencia para referirse a las enseñanzas y doctrina de Buda, incluido el cuerpo tradicional de escrituras, así como el estilo de vida y la conciencia que se derivan de la aplicación de las enseñanzas. A veces, los budistas utilizan la palabra en un sentido general, para referirse a prácticas espirituales o religiosas, a la ley espiritual universal o a la verdadera naturaleza de los fenómenos, el termino buddhadbarma, mas especifico, para los principios y prácticas del camino budista.

La palabra sanscrita Dharma deriva de una raíz que significa “sostener”  y en este sentido, la palabra tiene un significado más amplio, al referirse a cualquier comportamiento o comprensión que sirva para “sostener” al individuo y protegerlo del sufrimiento y sus causas.